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Rosario siempre estuvo cerca y últimamente más, seduciendo con su bella
costanera y una agenda siempre completa donde el diseño tiene un lugar
de privilegio. Así, la primera semana de julio se inauguró en el Museo
Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino el VII Salón Diario La
Capital Diseño Contemporáneo-Rosario 2008. |
Además de exhibirse los 31 objetos que fueron
seleccionados entre los más de 200 que se presentaron al
concurso de diseño, hubo tres muestras –la del artista
Román Vitali, la del diseñador industrial Alejandro
Sarmiento y la de la joyera Cecilia Richard (ganadora de la
edición ‘07)–. La semana pasada se entregaron los
premios ‘08 permitiendo descubrir nuevos talentos que, gracias a
algunos de los socios que suma el evento –Castagnino+macro, Puro
Diseño y MalbaDiseño–, auguran el ingreso de estas
piezas dentro del circuito comercial (de hecho en TiendaMalba se
encuentra a la venta una selección de los trabajos presentados
en la sexta edición del Salón). “Apuntamos a
generar un seguimiento de las producciones de los diseñadores
que se presentan año a año a esta convocatoria. La idea
es que sus productos vayan evolucionando y en el corto plazo
estén insertos en el mercado nacional e internacional”,
apuntó Laura Bartolacci, directora ejecutiva de Fundación
La Capital.

Y los ganadores son...
Considerando las categorías Accesorios y joyería
contemporánea; Escritorio, Infantil y/o Lúdico; Hogar;
Mobiliario y Experimental. Y criterios de selección que
apuntaban a la innovación (entendida como la exploración
e identificación en el uso de materiales nuevos o tradicionales
asociados a nuevas concepciones y formas), a diseños como
expresión de contemporaneidad y a productos que fuesen
utilitarios funcionales (pensando en el aspecto comercial) se
destacaron como en años anteriores los productos que apuntan al
segmento infantil y la joyería contemporánea, de alto
vuelo en nuestro país.
Así, el Primer Premio Adquisición (diez mil pesos) de
esta edición fue para el Proyecto Grandelín de los
marplatenses Juan Manuel Ariño, Andrés Carpinelli y Juan
Francisco Pes por el andador Zuequito, la Valijita Tatu, el rodador
Chiquito y la mecedora Vespa en maderas macizas, caucho y lacas al
agua. Un prometedor trío que ya antes de recibidos
(“estamos en la recta final de la carrera de Diseño
Industrial, realizando los ajustes finales en el proyecto de
graduación, para lograr el título a fin de
año”, detallan) recibieron una mención en el
concurso de diseño de Juguetes de Fedema y el año pasado
fueron finalistas del Premio Masisa.
¿Por qué juguetes? “En realidad, nos
pareció interesante la idea del primer concurso en el que
participamos (Fedema) de proponer juguetes realizados
íntegramente en madera, volviendo a materiales más
nobles, tradicionales. Quizá se haya debido a que el juego es
algo muy propio de nuestras personalidades, como la risa y la
diversión. La pureza, la inocencia de la niñez, se va
disipando a medida que la gente crece y son estos rasgos los que
queríamos rescatar de los niños al diseñar los
juguetes. Diseñar juguetes nos da libertad de experimentar sin
más límites que los que nos pone la imaginación.
Por otro lado, nos enorgullece ver la sonrisa de un nene usando un
juguete hecho por nosotros, fruto de muchas horas de trabajo”,
adelantan.
“Los primeros que habíamos desarrollado partían
de un concepto tomado de la infancia de nuestros padres y en ellos
plasmamos, también, nuestra personalidad con una estética
más contemporánea. ¿Quién no habrá
jugado alguna vez con un caballito mecedor o un triciclo? Pero con
estos nuevos juguetes nos propusimos partir de las conductas más
simples de los niños y de lo que ellos necesitan para su
crecimiento. La Valijita Tatu o el Andador Zuequito le dan la
posibilidad al nene de llevar su oso o su juguete preferido de paseo, y
a la vez se va afianzando en sus primeros pasos. Para nosotros fue muy
importante romper con formas usuales de juguetes porque nos parece que
los ayuda a crear e imaginar, más allá de lo que permite
el juguete a simple vista. El Rodador Chichito responde a una
síntesis formal y funcional propia de la edad a la cual
está destinado, su uso ayuda a afianzar la habilidad motriz.
Está pensado para los niños más pequeños y
es el que consideramos el hermanito menor de la línea. El cuarto
juguete, la mecedora Vespa, que tuvo como idea originaria el restyling
de un medio de locomoción icono de décadas pasadas
combinada con la imagen del juguete vaivén. El cuidado de la
estética y de los detalles en los procesos productivos permiten
lograr un objeto semiartesanal pensado en serie, fabricado para durar
tanto como los juguetes de antes, con las posibilidades técnicas
actuales”, detallan.
¿Propuestas para comercializarlo? “Aún no
tuvimos propuestas concretas, pero nuestras expectativas están
puestas en el Día del Niño. Por ahora estamos trabajando
con una carpintería de Mar del Plata que se encarga de la
producción, lo que nos permite producir a mayor escala. Hasta
ahora nos limitábamos a vender series cortas, autofinanciadas,
manufacturadas por nosotros y sólo en algunos locales de nuestra
ciudad. Ahora tenemos la expectativa de crecer en escala y poder llegar
a nuevos mercados”, rematan.
Mientras tanto, las dos primeras menciones (dos mil pesos cada una)
fueron para Romina Lampert por Pliego. Una pieza que a partir de un
plano genera múltiples formas y volúmenes que sirven para
guardar todo tipo de elementos (“para transformar el plano se
utiliza un cierre reversible, que permite a su vez intercambiar los
colores del interior y del exterior. La flexibilidad del objeto, sus
posibilidades lúdicas de plegarse y desplegarse, así como
la variedad de tamaños, colores y formas, hacen al producto
especialmente atractivo”, resume su autora). Y en esta misma
categoría, para Guillermina Balsells por su bolso Sastre.
“La idea de este objeto fue satisfacer las necesidades
emocionales, estéticas y comunicacionales tanto como las
utilitarias de usuarios nómades interurbanos”,
señala. La obra es un bolso de uso diario realizado con
paños de corbatas recicladas.
Por último hubo dos menciones especiales no
adquisición (de mil pesos). Una para Paula Dameno Almirón
por su PONY ENTE. Objetos basados en el concepto de lo reciclado, y
fundamentalmente en el potencial intrínseco de las formas
preexistentes, combinadas de manera de generar animales de juguetes.
“El modo en que producimos los objetos, quizá sea de un
modo más cercano a la plástica que a lo estrictamente
utilitario, y parte de la función estética hacia la
función utilitaria. Saca de contexto a un envase previo, y lo
recontextualiza, generando un objeto nuevo. La obra está hecha
en polietileno y poliestireno”, aclaran.
En tanto Marina Gryciuk y Favio Della Salla se llevaron la otra
mención por su obra Joyas Cálidas. Tela, cuerina, plata,
cobre y plásticos para rescatar la inclusión de
materiales no convencionales en la joyería contemporánea.
“Lo que nos permite trabajar el color, la tridimensión y
el engarce de manera innovadora”, aseguraron.
Gran revelación
Ganadora de la edición 2007 por sus cubos articulados en
plata, lo que la habilitó a tener su propio espacio en la
muestra de este año, la diseñadora y joyera cordobesa
Cecilia Richard sigue sorprendiendo con sus piezas. Objetos de Mano
llama ella a creaciones a camino del utilitario y del arte. Cubos que
se articulan como rompecabezas tridimensionales, esferas que se
subdividen o brazaletes que se descomponen y recomponen, entre otras.
“Una parte bastante amplia de mi exploración dentro del
campo de la joyería indaga las relaciones que pueden
establecerse entre sujeto y objeto, sus límites e implicancias.
Usable-no usable, portable-no portable, manipulable-estático,
transformable, son relaciones posibles entre otras. Muchos de mis
trabajos pueden o no estar adheridos al cuerpo de las personas.
Más bien se separan y buscan otras formas de vínculo. De
ese modo sujeto y objeto mantienen situaciones de evidente
autonomía o de decidida interacción. Creo que ésa
es la dimensión social y política de mis piezas. La
posibilidad de realizar una acción con las mismas y de crear una
situación. El desplazamiento que lo lúdico hace del
normal sentido que tenemos del tiempo y del espacio. Tocar, manipular,
rodar, llevar, compartir, jugar, abandonar, retomar. La pieza se
sostiene mediante una acción. Cada pieza posee ciertas
particularidades formales y dinámicas. Objetos que se desdoblan
en dos pulseras; cubos que se repliegan y despliegan en fragmentos
tornándose dinámicos e inestables; esferas que asoman y
esconden clavijas; broches que giran, brazos que se extienden y recogen
por acción de la gravedad. En su estado de reposo, las piezas se
muestran autónomas y provocativas. En su estado activo, se
muestran dinámicas e inestables. Estáticas, son. Activas,
suceden”, resume una talentosísima Richard de la que
quisimos saber más:
–Vos hablás de qué indagás entre el
sujeto y el objeto: ¿qué te llevó a vos a animarte
a jugar con las joyas, a que se desprendan del cuerpo y se transformen
en objetos?
–Hace ya un tiempo que parte de mi búsqueda dentro del
campo de la joyería es encontrar en el objeto joya un territorio
donde desarrollar una poética. De algún modo,
desprenderse de la función meramente ornamental que
tradicionalmente marca a la joyería, y buscar esa
autonomía objetual en la que el objeto es capaz de ser y
significar mas allá de su uso (hablando del uso tradicional de
una joya: portarla, ponérsela). Trabajando siempre con esa idea
subyacente apareció el cubo articulado, pieza que no necesitaba
ni admitía el agregado de ningún elemento de soporte para
justificarlo como joya. Nacía con él la idea de los
objetos de mano; estas piezas que por su factura, por su escala
(permitiendo esa intimidad del objeto), su relación estrecha con
el cuerpo podía seguir siendo aún una pieza de
joyería. El nexo, el soporte, el vínculo estaría
dado por la acción misma del sujeto.
–¿Qué relación observaste que tienen las
personas con ellas? ¿Se animan a otro tipo de vínculos, a
soltar?
–Siempre despiertan curiosidad y asombro. Igual a priori
cuesta la idea de una joya “que no me la pueda poner” y
menos lucir y ostentar. Entonces se genera otro tipo de
relación. Tal vez, más personal e íntima.
–¿El juego es el medio para desprenderse?
–Más allá de la interacción por el juego
también hay quienes lo toman como objeto de contemplación
y/o meditación en acción. He visto personas que tienen
algunas de mis piezas y están constantemente tocándolas
cuando las llevan consigo, tal ha sido el caso, por ejemplo, de Ruedas
PTVianas donde el objeto es una rueda doble giratoria que
también puede ser un dije para llevar en el cuello. Aunque eso
también son formas del juego. El juego es ese espacio de
pérdida de noción del tiempo y el espacio, como lo
percibimos cotidianamente en las cuestiones pragmáticas y
materiales de la vida.
–¿Es más fácil porque está pautado o los usuarios te sorprenden con sus usos?
–Siempre me sorprende la reacción que generan mis
piezas en las personas. Y cada vez ellas me vuelven a sorprender con
ellos. En realidad los usuarios son los que me permiten seguir pensando
no todos pero si algunos aspectos de mi trabajo.
–Hablás de la importancia o de lo que te sugiere el
material. ¿Con cuáles trabajás?
¿Cómo son para vos?
–Básicamente trabajo con metal plata. Es importante
para mí la posibilidad y capacidad constructiva que tiene en su
uso y permite este material. El hecho de trabajar la forma con un
material que tiene una larga tradición en la joyería y en
la humanidad (el metal) pero que me permite seguir explorando nuevas
posibilidades que justifiquen su uso y demostrar que no está
agotado.
–¿Qué tipo de persona es la que usa tus joyas?
–El campo es amplio, me han dicho del interés que
despierta en los niños (y lo tengo comprobado con los
míos), así como resulta interesante el hecho de que los
objetos de mano no estén dirigidos ni circunscriptos sólo
a un público femenino. En términos generales tanto
hombres como mujeres disfrutan de mi trabajo.
–¿Cómo es esto de poder desprenderse como diseñadora “de la posibilidad de uso”?
–Es que la pieza pueda ser y significar más allá
de cualquier tipo de uso. Es quizá la ventaja que me tomo al
trabajar en joyería contemporánea haciendo objetos que
pueden o no usarse. Buscar la relación de esos dos puntos. En
Occidente el arte es el único espacio que puede escapar de la
funcionalidad. En Oriente lo funcional es considerado también
arte. Yo no sé si hago o no arte. Trabajo en un campo
específico, al menos por ahora, que es el de la joyería
contemporánea, buscando movilizar algunas ideas y también
los límites. Así, cada objeto manifiesta el desarrollo de
una idea, previendo desde lo formal, un necesario espacio para la
subjetividad.
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