 |
Esta semana debutó en La Rural Brasil Casa Design, organizada por la
Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones. Una
oportunidad para recorrer la diversidad del vecino y de hablar con una
experta promotora, la periodista y curadora Adelia Borges. |
Brasil tiene 8.514.215 de kilómetros cuadrados y 190
millones de habitantes. Es el quinto país más grande del mundo, el
séptimo mercado consumidor y la decimotercera economía. Dejando de lado
la discusión de si el tamaño importa, lo cierto es que en los últimos
diez años esta potencia apuesta fuerte al diseño con acciones concretas
que por casa son verdaderos ejemplos a imitar.
Por ejemplo, esta primera edición de Brasil Casa Design, que abre en
La Rural de la mano de Apex Brasil, la Agencia Brasileña de Promoción
de Exportaciones e Inversiones. No sólo por el valor de la muestra –una
casa concepto que albergó mucho de lo mejor del país vecino en
elementos para la construcción, mobiliario, artesanía y objetos, así
como diseños brasileños premiados en el mundo entero– sino porque su
acto inaugural contó con las ponencias de dos de las figuras más
destacadas de su escena, referentes para el diseño de toda
Latinoamérica. Son el diseñador Sergio Rodrigues y nuestra querida
amiga Adelia Borges, a quien siempre es un lujo entrevistar por su
visión y constantes aportes a la disciplina. Durante años, desde los
distintos medios periodísticos que dirigió (revista Design &
Interiores del ‘87 al ‘94) o como columnista especializada (Gazeta
Mercantil de 1998 a 2002), la enorme cantidad de muestras en las que
ofició de curadora (Bancos Indígenas, Encuentros entre Design y
Artesanato, Una historia del sentar, entre muchísimas otras), hasta el
Museo da Casa Brasilera que revitalizó siendo su directora (en su
gestión, de 2003 a 2007, la frecuencia de visitantes creció 444 por
ciento, pasando de 20.089 a 109.281 por año). De algún modo, la mejor
antesala al megaproyecto en el que hoy está embarcada: la creación de
una nueva institución museológica para San Pablo en un edificio de 11
mil metros cuadrados de Oscar Niemeyer del año 1943 en el Parque
Ibirapuera, con la misión de mostrar Brasil a los brasileños. Fomentar
diálogos entre lo popular y erudito, pasado y presente, encuentro entre
culturas, diversidad, identidad, temas que son de su absoluta
incumbencia y ejes, según ella, de nuestro diseño al Sur.
Brasil profundo
“La diversidad es nuestra naturaleza”, fue el lema del evento y
título de la charla que tuvo en Borges a su mejor vocera. Didáctica
como siempre, arrancó explicando el concepto “diversidad” que, a
diferencia de la “variedad”, incorpora la noción de diferente, del
otro, sea éste una persona, cultura o noción del mundo. Algo que
nuestros pueblos, según ella, tienen más que ganado con su rico crisol
de razas. Y por lo que advierte, vale la pena parar esa “tortícolis
intelectual” (complejo de inferioridad de pueblos colonizados) que nos
ha hecho mirar por tanto tiempo hacia fuera. Y empezar a celebrar lo
propio que tiene siempre impreso el signo de lo plural. Diversidad que
se da en la naturaleza, mundo material y nuestra gente. Nociones que,
dentro de la disciplina, obligan a entender más que nunca (y
contrariamente a las primeras enseñanzas del diseño que llegaron a
nuestros países de la mano del funcionalismo) que la forma sigue a la
emoción, la cultura local y a la imaginación. Cuestiones que recién
llegada a Buenos Aires, un día previo a la inauguración del evento,
profundizó para m2.
–¿Seguís pensando que el diseñador no es un personal trainer (título de uno de sus libros)?
–Eso fue un chiste. Pero la realidad es que con la influencia de
ciertos medios, el diseño se transformó en una cosa frívola y
superficial. Entonces ése fue un juego con una frase de una diseñadora
del norte de Brasil a la que no le gusta el uso de palabras
extranjeras. Mi intención en el diario era poder crear un poco de
conciencia sobre la disciplina. Sobre todo porque en ese entonces el
problema en Brasil –pienso que todavía existe– era el distanciamiento
entre diseñadores y empresarios; entonces, muchos diseñadores, para
empezar a trabajar, necesitaban ser empresarios, salir ellos mismos a
producir sus cosas. Y para mí, escribir en ese diario de negocios, era
una oportunidad de llegar a ellos. Por eso elegí esa forma de crónicas
del cotidiano.
–Al día de hoy en Brasil, ¿tenés que seguir explicando lo que es el diseño?
–Pienso que ahora no. Eso cambió radicalmente desde hace unos diez
años. Cuando empecé a escribir en ese diario todavía te encontrabas con
un empresario que al hablar de diseño enseguida te contaba que quien
más sabía de diseño en su casa era la mujer, que a toda hora quería
cambiar los muebles de la sala. Eso ahora cambió. Gracias a una
conjunción y suma de esfuerzos, el país ya considera al diseño como un
diferencial competitivo importante. Prueba de ello es esta muestra de
diseño brasileño en Buenos Aires enteramente paga por el gobierno de
Brasil, por la agencia de exportaciones, cosa que no sucedería años
atrás. Trabajar la imagen del país a través de sus creaciones es un
gran diferenciador.
–Hablás de varios actores...
–Otro fue la prensa, las asociaciones de profesionales, las
organizaciones gubernamentales. Una conjunción de varias instancias,
porque hasta hace pocos años la comunidad del diseño en Brasil era muy
reducida. Todos se conocían. Hoy es muy interesante porque hay mucho de
todo –curadores, periodistas– y eso da una multiplicidad muy
enriquecedora.
–¿Qué debería exigírsele como parte de su competencia?
–Pienso que la competencia central es la capacidad de desarrollar,
de crear productos y servicios que tengan un componente fuerte de
innovación. Y para mí la mejor innovación es la que está inspirada en
la tradición, porque pienso que ésta es la que hizo diferencia en
países como Italia o Japón. Los diseñadores deben ser personas capaces
de percibir necesidades, deseos donde nosotros no los vemos. Y esa
capacidad de detectar y transformar, de dar una respuesta creativa a
esa demanda, es lo más importante. También es cierto que hay muchos
diseñadores, entonces no podemos hablar de una sola manera de hacer las
cosas. En este momento estoy ayudando a los hermanos Campana a escribir
un libro para el que fueron convocados, que se llama Cartas a un joven
diseñador. Es una serie muy reconocida que se edita allá sobre
diferentes disciplinas. Ellos, particularmente, hablan de cosas de un
nicho muy preciso, de un diseño fronterizo con las artes visuales y muy
fronterizo con una estimulación muy visceral, que abre caminos más que
consolida cosas. Ahora bien, el zapato que ellos diseñan
majestuosamente para, por ejemplo, Melissa, después necesita de ese
diseñador dentro de la empresa que entienda la materia prima, el
sistema de producción, o sea que hay caminos para todos.
–¿Se puede hablar de palabras clave que identifican el diseño brasileño?
–Diversidad es una de ellas. Brasil es muy grande, y hay muchas
regiones bien distintas y el diseño refleja esa diversidad. Y pienso
que esa cosa de ser un país nuevo, como la Argentina, del Nuevo Mundo,
nos da una libertad de creación muy grande porque todo tenemos que
inventarlo, todo está por hacerse. Esta semana estuve con un filósofo
muy interesante que se llama Eduardo Subirats. Es un español que vive
en Nueva York y él me decía que “Nueva York es el centro del mundo,
donde nada ocurre realmente importante, pero en San Pablo es difícil
saber dónde no ocurre alguna cosa”, y que para él ésa es una
característica de América latina. Eso nosotros no lo podemos decir
porque es como asegurar que tu hijo es lindo. Pero que lo diga un
europeo que vive en esa metrópoli que nosotros durante años hemos
querido copiar... Para mí esa libertad es otra característica y una
oportunidad. Como, de nuevo, los Campana cuando fueron invitados por
primera vez a trabajar para Alessi, cuando llegaron a la fábrica, el
propio Alberto Alessi, el dueño, les mostró el museo lleno de productos
tan bien hechos, que en vez de estimularlos, cuentan ellos, en un
principio los inhibió. Entonces pienso que esta cosa que es nuestro
principal problema, la falta de dinero, esta aparente ignorancia, puede
transformarse en una potencialidad que nos aporta frescura y libertad.
–¿Mitos del diseño brasileño?
–Suceden y son un arma de doble filo que debemos evitar porque
cuando defines así a alguien, condenas a la persona a que ya no pueda
cambiar. La identidad es algo de donde partimos y no a donde queremos
llegar. Eso es muy importante. A mí me lo dijo así un diseñador
brasileño, Mauricio Azeredo. Entonces esto también nos libra de los
estereotipos. Por ejemplo, yo soy de Minas Gerais, un pueblo donde no
hay playa, más introspectivo, más triste, pero somos todos brasileños.
En esto la originalidad es muy importante, pero la que habla Gaudí, la
que implica volver al origen.
–¿Cuáles son entonces las posibilidades de la región?
–Yo pienso que son muchas, porque estamos viviendo un momento muy
interesante. Me gusta mucho estar viva en este momento, que es una
época en que los flujos culturales que eran muy unidireccionales, del
Hemisferio Norte al Sur y de las capitales al interior, de lo más
fuerte a los más débiles, todo entre comillas, hoy en día están
cambiando. Para nosotros hay muchas oportunidades a causa de esta nueva
mirada. A nivel cultura, más amplio, hoy el centro está en la periferia
y la periferia en el centro.
–¿Se puede, conviene, hablar de un diseño latinoamericano?
–No me gustan mucho las generalizaciones porque perdemos las
sutilezas y las diferencias, pero sí pienso que tenemos mucho en común.
Por ejemplo, los cartoneros, que no hay en otros países y para mí son
héroes. Los municipios deberían hacerles monumentos a estos héroes de
la civilización actual que transforman la basura en algo con valor. Un
escritor muy importante decía en los ‘70 que todos los recursos están
en extinción con excepción de uno: la basura. Esta es otra cosa que nos
une y de la que podemos sacar partido. Otra cosa importante que
compartimos es la cantidad de iniciativas que dan una dimensión social
al diseño. Esto es muy importante y diferencial nuestro. En Europa se
habla del diseño desde el punto de vista del mercado y acá muchas veces
hablamos más desde el punto de vista de las necesidades sociales. Eso
es algo que podemos aportar como pensamiento diferente de ver al diseño
como una actividad que puede contribuir al final de cuentas para la
construcción de un mundo mejor.
–¿Qué te pasa cuando mostrás diseño brasileño en el mundo?
–Hay un interés enorme. Por ejemplo, en diálogos entre artesanía y
diseño, que también somos únicos. Colombia fue pionero y después
Brasil, con la decisión de aporte gubernamental.
–¿Seguís considerando al periodismo una de las profesiones más lindas?
–Yo quise ser periodista desde que era una niña. Nací en una ciudad
muy pequeña, en una familia muy pobre, no conocía a ningún periodista,
pero nunca pensé en otra profesión. Y estoy muy feliz con mi vocación
porque pienso que todas las cosas que hago son consecuencia de esta
profesión. Básicamente considero que mi misión es dar visibilidad a la
cultura brasileña y latinoamericana, particularmente en el campo del
diseño. La propia elección de un tema es siempre una cuestión política.
–Más ahora que tenés entre manos un proyecto tan importante...
–Estoy haciendo el proyecto más importante para mí, que es crear una
nueva institución en San Pablo, en un predio 11 mil metros de Oscar
Niemeyer de los años ‘50. Un concepto de institución para celebrar la
diversidad cultural brasileña en el campo de las artes visuales,
diseño, arquitectura, música, danza. Un hermoso desafío.
Modos de habitar
Mientras tanto, el público profesional pudo recorrer esta semana un
espacio de dos mil metros cuadrados de una casa concepto proyectada por
el arquitecto Iván Rozende, otro profesional muy reconocido en su país,
que estaba íntegramente ambientada con muebles y objetos de diseño
brasileños. Así como materiales de construcción –pisos y revestimientos
cerámicos, mármoles y granitos, vidriería, herrajes y griferías,
artesanías, iluminación y calentamiento solar de agua– made in Brasil.
¿Para destacar? Los impresionantes revestimientos en roca en una gran
variedad de granitos, pizarras, cuarcita, mármoles y otros materiales
naturales, así como la bellísima artesanía que coronaba muchos de los
espacios como las piezas en piedra jabón de Heloisa Crocco y algunas
recicladas en goma Eva por una ONG paulista. En el sector lindante a la
casa se lucieron algunas piezas de diseño que ganan premios en el mundo
entero. Productos galardonados internacionalmente por instituciones
como el International Forum Design Hannover (iFdesig), el International
Design Excellence Award, Edición Brasil (IDEA) y el Premio Design Museo
de la Casa Brasileña, en una selección que abarca los últimos diez
años. ¿Algunas perlitas? El colector reciclable de Sergio Jaqueri
Cordeiro, la estantería diseñada por Alvaro Wolmer y producida por Casa
21, el perchero Huevos Revueltos de Luciana Martins e Gerson de
Oliveira del estudio Ovo, el sillón Diz de Sergio Rodrigues, los
artículos de bazar de la línea Coza diseñados por Marcela Albuquerque y
Taciana Silva y las absolutamente bellas sillas Sao Paulo de Carlos
Motta, la Pelicano de Michel Arnoult y la Paulistano de Paulo Mendes da
Rocha, entre otros (www.brasilcasadesign.com.br)
publicidad
Mencione este artículo en su red de contactos.         |