Al alemán
Gui Bonsiepe tuvimos el privilegio de conocerlo y entrevistarlo hace
unos años. Hablo de “privilegio” además y básicamente por ser uno de
los pocos teóricos del diseño, porque acababa de instalarse en nuestro
país y la nuestra era la primera entrevista que daba.
De esto han pasado algunos años, y hoy un nuevo acontecimiento que
también tiene como protagonista a la periferia (eje central de mucho de
sus escritos) ofrece una siempre bienvenida excusa para encontrarlo.
Acaba de editar (de hecho en estos días está arribando a las librerías
argentinas) Historia del Diseño en América Latina y el Caribe,
Industrialización y comunicación visual para la autonomía. Una obra
colectiva que ofrece un panorama del desarrollo del diseño industrial y
de la comunicación visual de la región en los últimos cincuenta años.
Ya en el bello departamento que habita en la ciudad de La Plata (con
una biblioteca plagada de ejemplares que cualquiera pagaría por
visitar) aclara que el mérito absoluto de este proyecto debe
acreditársele a su mujer, Silvia Fernández. Diseñadora, docente e
investigadora, quien, según él como muchas mujeres, tiene un conflicto
con el ser reconocida. Hechas las aclaraciones del caso, con el empuje
de Silvia y contactos y visión de ambos, editado en Brasil por Blucher,
surge este ejemplar inédito en varios aspectos. Un documento
imprescindible que va más allá de la mera cronología, tratando el
diseño como una variable de procesos más amplios. Documentando
verdaderos hallazgos y revelando verdades sabidas a medias, como que en
los años sesenta y hasta mediados de los setenta el diseño en el campo
profesional y de enseñanza estaba considerablemente más avanzado que en
una serie de países europeos.
“La historia del diseño en América Latina y el Caribe es un campo
poco investigado y no existe en la actualidad una publicación que la
compile. La mirada local, a veces, desconoce esa historia que
compartimos. Este trabajo se propone dejar al descubierto esta
trayectoria común y sus peculiaridades”, adelanta Fernández. “La
hipótesis inicial procura verificar que en la década del ’60
–caracterizada por la promoción de la actividad industrial nacional y
por políticas de industrialización por sustitución de importaciones
codeterminadas por la macroeconomía–, el diseño formó parte de
políticas nacionales, que la industrialización y la comunicación fueron
asistidas orgánicamente por el diseño, que ese proceso quedó abierto y
en algunos países quedó truncado. En otras palabras, que el desarrollo
del diseño en esa década fue condicionado por el sector público, desde
la creación de organismos de vinculación y de programas gestados por
los ministerios de Economía y de Industria y Comercio. Fue un período
en el que el diseño formaba parte del discurso político en términos de
autonomía”, detalla.
Así, el libro está estructurado según una matriz de dos ejes. El
primero está constituido por las historias del diseño en la Argentina,
Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México, Uruguay y Venezuela. El
otro está conformado por influencias que recibió como de la gráfica
suiza, semiótica de productos, las migraciones de profesionales entre
España y América latina, y aportes para una prospectiva con temáticas
como la importancia del diseño público, la teoría de los objetos, la
diferencia entre diseño y arte, las relaciones entre diseño y artesanía
y sustentabilidad, entre otros. La publicación se completa con un
apéndice que presenta el documento programático elaborado por los
autores para la investigación y producción, el manifiesto inglés de
1964 y una serie de cuadros sincrónicos. Casi 400 páginas de una
revisión de cara al futuro.
–¿Después de Diseño de la Periferia (Gustavo Gilli, México 1985) no se sentía demandado de hacer un libro sobre Latinoamérica?
G. B.: –Puede ser, pero esta idea de hacer un libro de historia fue de Silvia.
S. F.: –Y de un grupo de trabajo –Javier De Ponti,
Alejandra Gaudio y Valentina Mangioni– con el que habíamos integrado lo
que se llamaba Nodal (www.nodal.com.ar)
que ahora tiene peso propio, pero empezó con unas pequeñas ediciones.
Yo hice una presentación en un congreso de historia en Estambul en el
2002 sobre la historia de la escuela de Ulm y la influencia en la
enseñanza en Latinoamérica, y a partir de ahí quedé con contactos
latinoamericanos. Les propuse a los chicos qué les parecía si nos
largábamos con una versión más latinoamericanista aprovechando esta
primera red de relaciones. Así empezamos a trabajar con las primeras
vinculaciones a estudios. Colegas que estaban en un incipiente trabajo
de estudios locales de historia del diseño y después hicimos un intento
que nos llevó mucho tiempo y esfuerzo, que fue tratar de ganar un
subsidio europeo que no se concretó. Por lo que el proyecto se realizó
sin apoyo institucional.
G. B.: –Había un programa de cooperación con
condiciones infernales, las firmas de rectores de cada universidad, 6
latinoamericanas y 6 europeos.
S. F.: –Así y todo, cumplimos. En el 2004
presentamos el proyecto a través de los colegas finlandeses pero entre
otras carpetas de informática, ciencias duras, el diseño ni coló. Gui
venía tangencialmente viendo este proyecto y diría que lo apoyaba con
reservas. El sabía, conociendo el mercado editorial, que era un objeto
improbable. El proyecto podía para él tener su resultado, pero de
ninguna manera verlo como un objeto industrial. Así que hubo tiempos
donde tuve tirones de dejarlo y en otros cuando me veía que avanzaba, y
me daba el apoyo.
–¿Y esto por qué? ¿No interesa documentar en Latinoamérica?
G. B.: –No, yo pensaba que era extremadamente
difícil conseguir autores. Además hacerlo estos pobres gatos teniendo
muchas instituciones que pueden con apoyo económico. Este es un trabajo
extraordinario que en cierta manera revela también dónde estamos con
nuestras universidades, que este libro salió por fuera. Y es un libro
atípico en su estructura porque tienen una historia regional de los
países y después tienen esta idea de llegar a las fuentes. Tanto sobre
lenguaje de productos como teoría semiótica de productos, líneas de
diseño. Sobre todo porque acá llegan cosas a través de un teléfono
descompuesto. Esto explica la presencia también de autores europeos en
un libro de diseño latinoamericano.
S. F.: –Esto está en Influencias y Prospectivas.
Una visión directa con una traducción directa sin reinterpretaciones.
Hay ejes, tanto en el diseño industrial como en el gráfico, de fuerte
influencia europea y en realidad nunca se entiende demasiado desde
dónde están saliendo. Bueno, hubo autores que se dedicaron expresamente
a eso.
–¿Cuál fue el objetivo con la publicación?
S. F.: –Hay una tesis en el libro que es la que
orientó todo, que es que en las décadas del 50 y 60 el continente,
sobre todo en algunos de los países que estaban haciendo despegue
económico, encuentran la posibilidad del desarrollo industrial. Y el
diseño encuentra su propia oportunidad para incorporarse a las
economías en desarrollo y a la industrialización. Eso tiene una
explicación no desde la disciplina sino que es contextual.
–Llama la atención por lo inédito el encuadre en el contexto de las políticas económicas, sociales e industriales...
G. B.: –Fue difícil conseguir los autores para
esto. Primero los economistas no escriben sobre diseño y esto es casi
una crítica que hago. Como la gente que escribe sobre la historia de la
economía e incluso tecnología e industria en Latinoamérica hablan de
genéricos, nunca se ve un producto. Así la dimensión diseño queda
marginada.
S. F.: –En nuestros países en general, hubo una
marcada política externa, que nos estaba llevando a ser exportadores de
commodities, productos primarios, que si no se consigue complejizar y
se empieza a incorporar seriamente la industrialización como parte del
proceso, los países vamos a seguir manteniendo estos sistemas de
inequidad social que vivimos. Esta es la gran oportunidad del diseño
industrial y del gráfico acompañando. Entonces el diseño va a empezar a
tener razón de ser y dejar de ser (algo también dicho en el libro en
varios capítulos) un problema del marketing de ciudades o de soluciones
a egresados de escuelas que como no pueden ingresar en los sectores
industriales tienen que hacer desarrollos de diseños urbanos que no
pasan de ser artesanías urbanas. Entonces estamos esperando con una
oportunidad como la que ahora puede estar viviendo el continente en dar
líneas a través del libro.
–Hablan de que existen similitudes y afinidades estructurales...
G. B.: –Con matices propios obviamente cada uno,
hay realidades compartidas además del idioma, que es básicamente esto
de la industrialización dependiente. Porque en el fondo, como dicen los
amigos brasileros, los países industrializados no quieren que otros
suban peldaños. Incluso esto pasa desde el descubrimiento de América,
ser proveedores de materia prima. Pero no hay diseño si no se revierte
eso.
S. F.: –Hay que ver dónde se abrió la alternativa
de industrialización y donde nosotros teníamos ya, antes que muchos
países europeos, un equipo de diseñadores que se estaban formando por
distintas vertientes (algunos venían por el Arte Concreto, otros por
las escuelas industriales donde se instalan los primeros programas
basados en la Escuela de Ulm porque tiene esta posibilidad de
vinculación escuela-industrias que no la daba ni siquiera Bauhaus con
su modelo). Con las guerras europeas también se produce una apertura
porque no hay importación. Ahí, por ejemplo, es donde nosotros tenemos
el núcleo duro del diseño argentino que casi es modelo en Latinoamérica
que se abre y se cierra, deja una serie de referentes importantísimos
pero se hace una diáspora. Muchos tienen que emigrar, otros se quedan
pero no en áreas específicas, y lo que se ve que podía sostener este
proyecto que era la industria pesada de Córdoba, la industria
electrónica que estaba saliendo como alternativa, la agroindustria que
podía empezar a tener cierto desarrollo en el Litoral se queda
desmantelada. Si uno ve las grandes migraciones de diseñadores que se
producen entre los ‘60 y los ‘70 es porque el país no da respuesta. Se
ve en el capítulo de Raquel Pelta, que habla sobre la ida y vuelta de
diseñadores con la Guerra Civil Española y como nosotros después
devolvemos gente totalmente hecha acá que les instala 30 años perdidos
que tuvieron ellos por el franquismo.
G. B.: –En años ’60 y ’70 Argentina estaba mucho más avanzada en todos los aspectos en diseño que España.
S. F.: –Después uno ve cómo se van cortando
procesos o fases de desarrollo. Por ejemplo en electrónica se corta en
los ‘70. Los calefactores o las líneas blancas que podrían haber sido
un modelo para seguir. Después viene toda la importación del ’80 en
adelante y el diseñador hace lo que puede.
–¿Y con esta premisa delante cómo empiezan a seleccionar y coser el material?
S. F.: –Aprendimos, después de cinco años de
proceso que llevó hacer este libro, que básicamente hay dos
alternativas para crear una compilación de artículos. Por un lado puede
haber un tema convocante y los autores hacen su aporte desde las
especialidades. O este trabajo intensivo que tuvimos que hacer de
encontrar los autores y conciliar una idea-concepto para el libro que
no trajera una yuxtaposición de artículos sino que todos tejieran la
posibilidad de una mirada desde esa perspectiva conceptual nueva. Así
es que conformamos un grupo de 24 autores que de ninguna manera tenemos
ideologías iguales pero trabajamos en red permanentemente. Hubo tres
entregas de trabajos que fueron leídas por el grupo y se comentaban y
analizaban con la intención de encuadrarnos en un documento
programático que tiene diez puntos de los que mejor no salirse. Acá hay
un dogma detrás del trabajo que nos permitió tener cierta coherencia en
la manera de disponer los temas. Entonces se consiguió una coherencia
que no todos los libros de compilaciones consiguen.
–¿Hallazgos? ¿Cuestiones que desconocían?
S. F.: –Los aportes locales son los más ricos.
Desde Venezuela, uno de los países que uno puede llegar a decir con
mayor potencial económico por sus recursos como el petróleo, donde la
autora nombra un elemento de 1880 que se usaba para rescatar piezas que
se caen en el pozo y es un diseño venezolano. A la sorpresa que uno
puede tener estudiando la última fase de la historia argentina y el
potencial de desarrollo de diseño con las maquinas agrícolas. También
es interesante el proceso de afichismo en la Revolución Cubana, igual
que el de la época de Allende en Chile. En la gráfica después hay una
gran homogeneización de lenguaje a partir del ’90 con la privatización,
la fuerza de los medios, el lenguaje casi unificado de las ciudades,
donde los resultados visuales son más o menos los mismos.
–¿Se llevaron otras sorpresas?
G. B.: –Con Uruguay. Son modestos, no hacen ruido. Una postura que me encanta.
S. F.: –Tienen cosas interesantísimas como el
desarrollo de mobiliario desde los años treinta que está asociado al
desarrollo de la arquitectura moderna racionalista uruguaya, que usaba
al diseño industrial como complemento. Por otro lado, tiene un momento
interesante que comenta la autora de ese capítulo, Cecilia Ortiz, que
es cuando en los ’60 y ’70 una imprenta desarrolla toda la gráfica por
personajes de la talla de Hermenegildo Sabat de soluciones gráficas muy
originales.
–¿Y políticas públicas que hayan apoyado al diseño?
S. F.: –Encontramos tantas que hicimos un cuadro.
–Qué lindo, entonces la pregunta es: ¿políticas públicas que perduren o que se lleven a la práctica?
S. F.: –Hay un cuadro que se llama Políticas que
atiende a los programas de organizaciones estatales que incidieron
directa e indirectamente en la actividad del diseño y se hace por país.
Lo que pasa que en nuestros países es fantástica la historia de la
discontinuidad. Incluso el Che Guevara es el que lleva el proyecto de
incorporar el diseño dentro del desarrollo de la industria ligera en
Cuba. Es decir, había una cuestión que desarrollar. Pero después, lo
dice Gui en el prólogo, el diseño quedó copado por el mercado.
G. B.: –Pregunte en la calle qué es diseño: “caro,
impráctico, para una élite económica”. Una concepción muy restringida y
superficial.
S. F.: –Y en gráfica es lamentable el espacio donde
cayó el diseño ligado al branding, al desarrollo de marca, a lo que se
llama comunicación institucional y a la presentación de productos. Y de
ahí no pasa. No vas a ver que se rediseñe un formulario municipal o el
trámite de licencia de conducir, que es una fotocopia mal hecha. El
sentido social del diseño. En ese sentido estamos en un atraso
fenomenal.
–¿Hay un modo de ir a tocar la puerta de los funcionarios para hablarles de diseño?
G. B.: –Tengo mis gravísimas dudas.
S. F.: –Yo lo experimenté desde mi estudio profesional en una escala ciudad y no. Hasta que ellos no te toquen el timbre.
–¿Qué contestan hoy cuando les preguntan qué es el diseño?
G. B.: –El diseño une la fase entre producto, el
mensaje y el usuario. Mientras que al ingeniero le interesa cómo
funciona el producto, al diseñador le compete cómo se usa. Son enfoques
diferentes. Ahí tenemos nuestro dominio indudable y propio, pero no sé
si esto esta tan claro, lo que llamo interfase. Esta zona intermedia
entre el mensaje y el usuario y el producto y el usuario. Este dominio
del diseño es más importante que pura formita o la cosa bonita.
–¿Sigue pensando que aún no hay teoría del diseño?
G. B.: –Uh, mirá con el tema teoría... Yo diría que
en vez de teoría prefiero hablar de un discurso de diseño. Hay un
discurso sobre esta temática confusa que es el diseño, pero para teoría
yo creo todavía que falta rigor.
–Hablan de que es un libro que prepara el terreno para un futuro
que puede presentarse más promisorio, entonces... ¿lectura obligada
para quiénes?
S. F.: –El libro tiene un perfil de una visión
macro. Por eso resulta interesante para un público amplio. Además, me
dejó pensando la primera pregunta sobre si “era esperado un libro así
de nuestra parte”. El problema en Latinoamérica es la logística. Y los
libros no son la excepción. Se distribuyen más fácilmente desde
Barcelona que si alguien se lo propone desde acá y de la misma manera
corren las ideas y las relaciones. A veces resulta más fácil como
diseñador irte a Europa a hacer un recorrido de diez estudios, que si
pretendés hacerlo acá, donde la realidad es muchas veces desconocida.
Donde siempre falta la información completa. Donde no podés saber quién
está investigando en determinadas cuestiones que muchas veces se
superponen. Con esta experiencia se generó una relación entre los
autores de gran familiaridad que pretende revertir esto.
G. B.: –Esta fue una epopeya que sumó más de 5000
correos. Tarea que hubiera sido imposible, y también vale decirlo, en
tiempos preinternetianos.
* El libro se presenta en la Universidad Nacional
de Rosario el 28 de agosto a las 19.30 en Túnel 4, Centro Cultural
Parque España.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-1478-2008-08-16.html