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| Los exiliados de la Bauhaus en México |
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| Escrito por OSCAR SALINAS FLORES | ||||||||
| miércoles, 28 de mayo de 2008 | ||||||||
La historia de esta singular escuela
y de todos sus miembros destacados ya ha sido abordada por una gran
cantidad de críticos e historiadores en docenas y docenas de libros
y otros documentos desde diferentes perspectivas, que han dado como
resultado que la Bauhaus sea un capítulo siempre presente, y que las
consecuencias de su actividad y su influencia sean conocidas hasta en
el mas mínimo detalle.
No obstante, aunque hoy conocemos el
camino que siguieron algunos de los llamados bauhaüsler al concluir
su participación en la institución, e iniciar un nuevo capítulo en
su desarrollo profesional que los llevó al reconocimiento histórico,
todavía existe un gran desconocimiento sobre su desarrollo fuera de
los países europeos o de los Estados Unidos de América, como es el
caso de lo sucedido en México con algunos notables como Josef Albers
y Hannes Meyer. En esta presentación, quiero referirme a seis miembros de esa comunidad que fueron: Josef Albers y su esposa Annneliese Fleischmann, conocida como Anni Albers; Hannes Meyer y su esposa Helene Bergner, conocida como Lena Meyer; y los exalumnos Michael Von Beuren y Klaus Grabe. Tres profesores y tres exalumnos de la referida escuela alemana de la Bauhaus, que tuvieron una presencia significativa en México durante por lo menos dos décadas de la primera mitad del siglo XX. Los Albers en MéxicoLos primeros en llegar a México fueron Josef y Anni Albers. Después de su exilio de Alemania, y pasar un corto tiempo en Holanda e Inglaterra, parten a los Estados Unidos de América, invitados por conducto de Philip Johnson, gran promotor del aún joven Museo de Arte Moderno de Nueva York, para ser profesores del recién instituido Black Mountain College en Carolina del Norte. Esta institución concentrada en el arte y el diseño, dio oportunidad a Josef Albers para aplicar todos sus conocimientos sobre los fundamentos del diseño, y en medio de su trabajo, conocer a varios artistas latinoamericanos de México y otros países que colaboraban o estudiaban en esta escuela; esto a su vez los llevó a visitar por primera vez México en 1935.
Su impresión al conocer la cultura popular
de este país fue muy grata, y desde un principio fue evidente
que las expresiones artísticas que encontraron iban a cambiar su desarrollo
profesional.
En principio, su entusiasmo los llevó
a regresar en cuanta oportunidad tuvieron a este país durante mas de
veinte años –incluyendo sus años sabáticos en las universidades
de Black Mountain College y Yale– pero además los llevó a iniciar
un diálogo muy productivo con sus interlocutores, que en este caso
fueron artistas plásticos como los muy conocidos mexicanos
Diego Rivera, José Clemente Orozco y Frida Kahlo, así como políticos,
escritores y poetas, o simplemente los diversos grupos de artesanos
que pudieron conocer y apreciar en sus múltiples viajes hacia aquel
México profundo ligado a una cultura milenaria donde el sincretismo
derivado de la fusión de expresiones precolombinas y europeas dio como
resultado un escenario rico en tradiciones, pero también pleno de coincidencias
con las nuevas tendencias racionalistas y el avant garde de los
recientes movimientos artísticos de la Europa de ese momento.
Los Albers vivieron con entusiasmo estas
experiencias, pues desde un principio exclamaron eufóricos“art
is everywhere!”1, como comentaron en cartas
a sus mejores amigos, y casi de inmediato aceptaron su influencia de
manera natural para dar paso a un trabajo profesional imbuido del México
descubierto por ellos. Josef inició su trascendente serie de pinturas sobre “Homenaje al cuadrado” , que en mas de una ocasión comentó que fue inspirada en elementos que observó en este país, y aplicó tanto en las composiciones como en el uso de los colores. Asimismo, durante su etapa en el Black Mountain College, Albers sorprendió a sus alumnos y compañeros al producir una pequeña silla que se utilizó en sus clases de dibujo y en otras áreas para los alumnos y profesores, y él y su esposa la usaron en su casa durante el resto de su vida. La silla era el butaque, un asiento tradicional en México que la diseñadora Clara Porset, entrañable amiga y anfitriona en todos los viajes de los Alberses, había tomado como su proyecto emblemático, pues basándose en él había desarrollado nuevos y refinados butaques que hoy son reconocidos como ejemplo relevante del diseño moderno.
Albers no solo llevó adelante estos
proyectos inspirándose en sus experiencias, sino además produjo una
colección de magníficas fotografías tomadas en México, que
mostraron una simbiosis afortunada entre su gran capacidad de composición
y los temas elegidos. Anni Albers, también ex–alumna y ex–profesora de la Bauhaus, destacó desde sus mismos estudios con sus ejercicios en el taller de textiles, hasta presentarse como una experta en proyectos de esta naturaleza. Junto a su esposo, compartió el gusto de conocer y entender la
cultura de este país, que le dio la
posibilidad de experimentar con los tejidos tradicionales; éstos sintetizaban
la experiencia de varios siglos hasta llegar a los productos de los
artesanos, que seguían conservando la herencia de sus antepasados junto
a las nuevas propuestas que se mostraban a la venta en mercados populares
de pequeños
poblados o en los mejores casos, expuestos en los museos de arte popular.
Anni de inmediato generó nuevas obras
tapices inspiradas en sus experiencias, con nombres que
incluso fueron un franco homenaje a la cultura al llamarlas por ejemplo,
Monte Albán (nombre de una cultura precolombina al sur de México),
o La luz I , (the light en inglés).
Su entusiasmo por la técnica, la composición
y el uso de los colores en los tejidos que en muchos casos tenían una
antigüedad de hasta quince siglos, la llevó unos años después a
viajar a Perú y Chile, en América del Sur, para seguir explorando
junto a Josef, los textiles de sus culturas precolombinas, también
como inspiración para sus nuevos trabajos sin perder la esencia de
su estilo.
Los Meyer en México Otra pareja de bauhauslers fueron Hannes Meyer y su esposa Helene Bergner, conocida después de su casamiento como Lena Meyer. Hannes Meyer pasó a la historia al asumir, por invitación de Walter Gropius, la dirección de la escuela de la Bauhaus entre 1929 y 1930. Hoy está ampliamente documentado su corto paso por esta institución, que concluyó por causa de su postura ideológica que siempre estuvo presente en sus proyectos profesionales. Su inmediata partida a la Unión Soviética con un grupo de alumnos nunca prosperó por la difícil situación de esta nueva nación y al final, con sarcasmo y sufriendo las crecientes penurias económicas y las exigencias del régimen sobre la orientación de su trabajo, llegó a la siguiente posición:
“ Puedo honestamente responder
a esto, que en todo el tiempo entre 1930 y 1935 nunca estuve en contradicción
con la correspondiente situación de la arquitectura soviética (…)
Pero soy un europeo occidental, una mezcla de Alemanne y Hugonote, y
no puedo aportar algo “nacional” a la arquitectura soviética. Para
usted y sus colegas sigo siendo un frío racionalista metódico. Eso
significa un incompetente. ¡Es por eso que me voy!! (…)”2.
Fue precisamente durante esta estancia
que inició su relación con Helene Bergner, que de ser su compañera
pasó a ser su esposa al abandonar la Unión Soviética en 1937 rumbo
a Suiza, su país natal. Meyer tuvo su primer contacto con México al aceptar la invitación para participar en el XVI Congreso Internacional de Vivienda y Planificación que se realizó en 1938 en la ciudad de México.
Muy pronto recibió una invitación por
parte del gobierno de este país para colaborar como arquitecto y planificador
urbanista en instituciones educativas y oficiales, y al aceptar el ofrecimiento
a partir de 1939, inició una estancia que se prolongaría durante diez
años.
A pesar de que siempre tuvo puestos importantes,
su obra profesional fue escasa ya que su ideología continuamente lo
ubicaba en una situación difícil, pues por un lado su postura socialista
lo enfrentó a los arquitectos que frenaron sus proyectos y por otro,
los propios militantes socialistas identificados con Trotsky presionaban
a los que identificaban –este era el caso de Meyer– como Stalinistas. Esta situación y su amistad con artistas plásticos radicales que reivindicaban la llamada Revolución Mexicana que había acontecido entre 1910 y 19213, y al mismo tiempo luchaban contra los nacionalismos que se acercaban peligrosamente al nazi–fascismo en Europa, llevaron a Meyer a interesarse en el medio de difusión con que estos grupos mostraban sus ideas, llamado Taller de la Gráfica Popular,4 que recogió la tradición y experiencia del grabado europeo por su facilidad técnica y bajo costo, para exaltar el ejemplo de la revolución armada que se había vivido recientemente y mostrar su postura ante la realidad de una segunda Guerra Mundial que se aproximaba rápidamente.
Tanto Hannes como Lena participaron con
entusiasmo y compromiso en el desarrollo de esta organización de artistas
plásticos durante toda su estancia en México de 1939 a 1949, no solo
realizando grabados sino participando también en diversos proyectos,
como fue el caso del Libro negro del terror nazi en Europa, realizado
en 1943, que fue ilustrado y diseñado por Hannes Meyer, o la fundación
bajo su tutela y de Georg Stibi, otro alemán que se refugió en México,
de la editorial La Estampa Mexicana que publicó la obra del
Taller de la Gráfica Popular y editó otros libros ilustrados de gran
calidad. Junto a todas estas actividades donde la pareja de los Meyer participó, los proyectos arquitectónicos que como ya se dijo fueron escasos, se orientaron a conjuntos habitacionales populares, escuelas y hospitales y asimismo, Hannes impartió una buena cantidad de conferencias y escribió artículos donde plasmaba su postura teórica y su visión filosófica sobre la arquitectura. Fue desde México donde Meyer lanzó el primer escrito donde definía su postura profesional como director de la escuela de la Bauhaus, mismo que posteriormente provocaría un debate público entre Walter Gropius y Tomás Maldonado sobre el papel histórico que jugó esta institución educativa.
En México, Hannes Meyer inició un cambio
hacia una postura menos radical, pues es claro que su posición inicial
sobre una visión irreductible frente a la arquitectura, que le valió
constantes fricciones en cada una de las experiencias que vivió desde
su paso por la Bauhaus, fue modificándose al ir entablando contacto
con la cultura de este país. En 1926 afirmaba que:
“(…)construir es un proceso
técnico, no estético; la composición artística no rima con la función
de una casa adecuada a su propósito. Idealmente y en su diseño elemental,
nuestra casa es una máquina viviente.(…)”5
asimismo sostenía que todo arte era
organización, pero para 1947 su visión del arte había cambiado en
la misma medida que en la arquitectura y afirmaba que
“Arte
es orden…¡pero no solo eso!”6
Además, la sensibilidad y relación
de los Meyer con lo cotidiano también se fue modificando desde su salida
de Alemania hasta confirmar en México el nuevo tema que los motivaba
para inspirarse en su trabajo, al comentar:
“En todos los años en Rusia,
Suiza y México, una cosa nos ha venido preocupando bastante, que en
la Bauhaus nunca tratamos: el FOLKLORE”.
7
La pareja había sido influida de tal
manera que ya no volverían al funcionalismo; su colaboración en el
Taller de la Gráfica Popular y su contacto cotidiano con las tradiciones
y el arte de este país cambió su forma de interpretar al mundo sin
perder su temperamento y orgullo, por lo que empezó a rechazar los
proyectos que lo ligaban al pasado, como comentó a un amigo en 1949:
“Nuestra situación es horrible
y uno de estos días tuvimos ¡tan solo 50 centavos
en la casa! No sé como vamos a continuar. Estoy buscando ahora cualquier
comisión privada, solo para mantenernos. Con los
“banqueros” no quiero comprometerme en grandes proyectos. Me parece
que sería prostituirse arquitectónicamente.”
8
Desgraciadamente, Hannes no tuvo oportunidad
de mostrar con éxito su nueva faceta, pues sus problemas económicos
se reflejaron en una pérdida de salud que se agravó por un accidente,
hasta obligarlo a pensar en terminar su carrera profesional en Suiza
su país natal, para el que parten él y Lena a mediados del mismo año.
El cambio de residencia no lo ayudó y su vida se fue apagando rápidamente
hasta fallecer en 1954.
Los exalumnos llegan a México El último caso que me interesa abordar en este documento, es el de Michael Von Beuren y Klaus Grabe, exalumnos de la Bauhaus que también decidieron buscar a México para aplicar su profesión. Ya es bien sabido que los Estados Unidos de América recibieron a la gran mayoría de los exiliados de esta institución educativa y lo mismo sucedió con Von Beuren, que antes vivió un tiempo en los Países Bajos donde cambió su apellido a Van Beuren y lo conservó así el resto de su vida.
Van Beuren estudió en la última etapa
de la Bauhaus, en Dessau y Berlín, donde conoció al pequeño grupo
de alumnos que llegaron a esta escuela desde los Estados Unidos de América,
como William Priestley, Charles Ross y Nancy Ross, y Bertrand Goldberg
y asimismo al arquitecto Philip Johnson, que después de visitar Dessau
en esta época como representante del Museum of Modern Art de
Nueva York se hizo un buen amigo de Van Beuren. Lo mismo sucedió con
Goldberg, que no solo tuvo amistad con Van Beuren, sino incluso fue
su compañero de departamento mientras estudiaban.
Al iniciar el acoso de los nazis sobre
esta escuela y su comunidad, la mayoría de ellos partieron a países
cercanos para después llegar a Norteamérica. Si algo unió a este
grupo, fue Mies Van der Rohe, último director de la Bauhaus y profesor
de todos ellos, que después de partir también a este país en 1937,
los recibió en su estudio de Chicago para participar en sus primeros
proyectos. Con Van Beuren no sucedió así, pues no era un entusiasta de la arquitectura sino del diseño de mobiliario, por lo que después de colaborar en la preparación de la Feria y Exposición Internacional Golden Gate de San Francisco con el diseño de asientos en madera de contrachapado , viaja en 1936 a México, tal como se lo comenta en una carta a Josef Albers,9 al aceptar realizar un atractivo proyecto relacionado con muebles en el puerto de Acapulco.
A Bertrand Goldberg, su buen amigo, le
prometió regresar para asociarse, pero ya en México y después de
vivir las primeras experiencias culturales y conocer a su gente, decidió
permanecer en este país y desarrollarse en él profesionalmente.10
De inmediato inició una labor basada
en el diseño de mobiliario y fundó la empresa Domus que fabricaba
y comercializaba piezas de alta calidad, utilizando la excelente manufactura
que brindaban los artesanos y los materiales como la madera y los tejidos,
pero además introdujo a México el concepto de diseño industrial al
producir en serie varios conjuntos de muebles innovadores que venían
a satisfacer la demanda de la nueva clase media surgida en la posguerra.
Para una primera etapa, Michael Van Beuren se asoció con su amigo y
compañero de la Bauhaus Klaus Grabe que lo había acompañado en su
periplo al abandonar Alemania, así como con otro compañero conocido
durante su estancia en los Estados Unidos de América que fue el arquitecto
Morley Webb. En 1941, el aún joven Museo de Arte Moderno de Nueva York, EUA, convocó al concurso Organic Design for Home Furnishing, que por primera vez incluía a los diseñadores de muebles de las 21 naciones de América Latina además de los diseñadores y empresas productoras más conocidos en ese país. Por México concursaron Clara Porset y su esposo, el pintor Xavier Guerrero con un mobiliario de bajo costo para campesinos y Michael Van Beuren y sus dos socios con el diseño de un asiento para descanso tipo chaise-longue elaborado con madera tropical y tejidos artesanales, fabricado en Domus. El concepto orgánico del proyecto, la integración de los materiales y su gran calidad, le valieron uno de los cinco premios continentales que otorgó el museo, y otro lo obtuvo también Clara Porset, con lo que México fue el único país latinoamericano que logró dos de estos reconocimientos.
En 1957, esta diseñadora fue reconocida
con la medalla de plata de la Trienal de Milán con muebles para jardín
y playa del Pierre Marqués, primer gran hotel de Acapulco, que mostraban
el mas puro estilo orgánico logrado con la pericia de los artesanos
que los fabricaron para ella. Un poco antes, en 1952 Clara Porset organizó por primera vez en Latinoamérica una exposición sobre diseño llamada El Arte en la Vida Diaria en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, que incluía precisamente lo mejor de la manufactura de productos para la vida diaria como muebles, lámparas y accesorios para cocina y por otro lado, lo mejor de la artesanía mexicana. Van Beuren presentó una selección de muebles que mostraron un diseño a la vanguardia y con posibilidades de comercializarse en otros países; aunque no se cuenta con información clara al respecto puedo decir de acuerdo a testimonios, que algunas piezas se introdujeron al mercado de los Estados Unidos de América, mientras consolidaba una forma de vida que lo llevó a permanecer en este país prácticamente toda su vida.
En México formó su familia, continuó
sus negocios con Domus y posteriormente fundó Muebles Van Beuren, dos
empresas que hasta hoy siguen en actividad y asimismo, existen dos generaciones
de herederos mexicanos que han destacado en diversos campos de la vida
profesional.
En cuanto a Klaus Grabe su destino fue
diferente, pues su aventura en México no duró mucho tiempo. En pocos
años regresó a los Estados Unidos donde prosiguió su trabajo dentro
de la arquitectura y el diseño de muebles, aún inspirado en el estilo
que él y Van Beuren habían adoptado y que tan buen resultado les había
dado, pues no solo tuvieron presencia en México, sino también en los
Estados Unidos como muestra de un diseño moderno pero diferente a lo
que se consumía normalmente en el mercado emergente de los diseñadores
industriales que cada vez tenían mas presencia en este país.
Por último, hoy es posible decir que
los muebles de Grabe y Van Beuren son parte de los llamados clásicos
del diseño moderno, se siguen reproduciendo y cada vez adquieren mayor
valor comercial en el mercado internacional.
Conclusión
Este grupo de personajes que vivieron
la experiencia de la Bauhaus tuvieron un motivo común para iniciar
su relación con México, pues todos ellos comentaron su admiración
por la cultura de este país y ese momento que vivieron que es conocido
como el México posrevolucionario en la primera mitad del siglo XX.
A partir de los años veinte, en este
país se inició una reforma cultural que al amparo de un cambio en
la educación de las nuevas generaciones, promovió un movimiento artístico
e intelectual a través de pintores muralistas como Rivera, Orozco y
Siqueiros, reconocidos internacionalmente; pintores como Frida Kahlo,
fotógrafos como Tina Modotti y Manuel Alvarez Bravo y diseñadores
gráficos como Gabriel Fernández Ledesma y Miguel Prieto entre muchos
artistas e intelectuales conocidos, así como arqueólogos, antropólogos,
poetas, escritores e ilustradores, además de aquellos que fundaron
la nueva profesión del diseño industrial como Clara Porset, que fue
el punto en común de los personajes que hemos analizado. Todos los exiliados de la Bauhaus que llegaron a México no solo entablaron comunicación con Clara Porset, hoy reconocida como pionera del diseño en México, sino además tuvieron una gran amistad con ella y compartieron ideas en el trabajo profesional.
Josef y Anni Albers la conocieron como
alumna en el Black Mountain College y ahí empezó una entrañable amistad
que duró muchos años; así como Clara aceptó con entusiasmo
el conocimiento que le aportaron Josef y Anni, del mismo modo ellos
agradecieron los conceptos vertidos por la diseñadora y su entorno
artístico en la labor profesional de esta pareja.
Hannes y Lena Meyer tuvieron una íntima
relación con Clara Porset y su esposo desde su llegada al país y compartieron
10 años de experiencias con ellos.
Michael Van Beuren no solo recibió la
amistad de Clara, sino desarrolló muchos proyectos con ella al compartir
los mismos deseos y objetivos profesionales alrededor del diseño de
mobiliario. Incluso vivieron una cierta simbiosis al concebir algunas
piezas prácticamente iguales que comercializaron conjuntamente sin
ninguna objeción, como es el caso del asiento que se conserva en la
casa-museo de Josef Albers en Connecticut, USA. Al final de este documento, puedo afirmar que todos ellos fueron influidos por la cultura de México. Albers, Van Beuren y Grabe fueron marcados en el diseño de sus muebles; Albers y los Meyer evolucionaron en la composición y la temática de su obra gráfica; Anni Albers encontró un nuevo camino en la realización de sus tapices.
Todos lo decidieron por voluntad propia
y supieron entrelazar la formación que habían adquirido en la Bauhaus,
con las experiencias que les brindó un país enigmático, pleno de
sincretismos entre la antigua cultura mesoamericana y la posterior cultura
europea que arribó a América, descendiente a su vez de las antiguas
culturas de los celtas, romanos y árabes que marcaron a los pueblos
ibéricos que conquistaron lo que hoy es Latinoamérica.
Si la Bauhaus fue el paradigma del racionalismo
y el funcionalismo de la primera mitad del siglo XX, los exiliados del
momento post-bauhausiano fueron la simiente de una nueva expresión
del diseño moderno que fundamentó en buena parte el inicio del diseño
contemporáneo.
La pequeña historia que algunos de ellos
vivieron en México, hasta hoy casi desconocida, es necesario que se
conozca para entender que la Bauhaus y sus consecuencias no son posibles
de ser enmarcadas como un solo concepto, y que la historia del diseño
que hasta hoy se difunde internacionalmente requiere del complemento
de esas historias regionales, emergentes y catalogadas como periféricas,
que en estos últimos años empiezan a demandar el reconocimiento de
aquello que no es necesariamente ajeno, sino parte entrañable de la
historia íntima del diseño de nuestros tiempos. Dr. Oscar Salinas Flores publicidad Cite este artículo en su sitio | Leido: 1120 | E-Mail
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